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Bar Vendôme

El Bar Vendôme, hilo conductor imprescindible de una jornada en el Ritz París, destila el ambiente cálido de una gran brasserie parisina. En el Bar Vendôme siempre está pasando algo, desde el desayuno hasta la cena, desde el almuerzo hasta la última copa. ¡Disfrute de un sándwich club o de una ensalada César en cualquier momento del día! El afternoon tea se sirve con palitos, scones y repostería del chef pastelero François Perret. Los hay que disfrutan con las tardes que se alargan hasta el cielo de París y con la sublime cristalera retráctil, mientras que otros prefieren el terciopelo rojo y el ambiente relajado cerca de la barra... ¿Un gran clásico? Hay que buscar sitio a partir de las 18:00 para disfrutar de las notas que escapan del piano de cola.

Le encantará

Una ventana al cielo

La cristalera, nexo de unión entre el Bar Vendôme y su terraza, recupera los códigos de la Belle Époque.
Cuando hace buen tiempo, se abre replegando sus alas de cristal para dejar pasar mejor la luz del cielo de París. Cuando llueve, el parasol transparente se burla del mal tiempo y deja que las confidencias fluyan con naturalidad.
Cuando llega el frío, se convierte en jardín de invierno con alfombras, cortinas y sillones de terciopelo, como en el interior.
Durante el día, se baña de luz. Por la noche, acaricia las estrellas. Es la esencia del Ritz Paris, desde el primer café hasta la última copa.

Como anécdota…

Las damas primero

En la década de 1900, el Ritz París fue uno de los primeros hoteles a los que podían acudir las mujeres sin acompañante.
Les gustaba dejarse ver en el «five o'clock tea», un ritual importado de Londres por César Ritz.

Últimas noticias

Puttin' on the Ritz

Hay noches en las que el Bar Vendôme se viste de jazz. Todos los miércoles, el piano de cola convoca al contrabajo, al violín y a la guitarra, y todos se ponen de acuerdo. En el bar, la música marca el tempo y destila sus notas de blues bajo la cristalera.

La exquisitez según François Perret

El éclair espolvoreado con cacao, el milhojas invertido, la magdalena con corazón de miel o la mousse untuosa del postre marmolado. Los postres se exhiben en las vitrinas de lujo sin revelar todos sus secretos, para así animar y hacer perder el sentido a cada comensal.