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Salon Proust

Marcel Proust dijo una vez: "En el Ritz, nadie te mete prisa". Esta observación le mereció al autor de En busca del tiempo perdido el honor de un salón con su nombre, un lugar donde se puede pasar el tiempo soñando despierto, sentado cómodamente en una butaca de felpa y rodeado de libros peculiares y cálidas boiseries. Un lugar donde deleitarse con el inolvidable sabor de unas magdalenas y unos tés excepcionales. Un lugar ideal para saborear esa tarta favorita de la niñez junto a una chimenea.
 

Abierto de 14:30 a 18:00
Conozca a

François Perret,
Chef Pastelero

Perret combina los sabores y los colores.

El azúcar, sin mesura; los aromas, franqueza absoluta.

Este maestro en el arte de convertir obras clásicas en obras contemporáneas ha hecho del Salon Proust un lugar para disfrutar de un momento especial, un momento especial para un lugar: un té a la francesa que recupera la nobleza del arte de la repostería.

Bizcochos de soletilla, barquillos, florentinas, tartas de azúcar, panecillos con grué de cacao y pepitas de chocolate: delicias para disfrutar con tés exclusivos para que "cada uno encuentre su magdalena", dice sonriendo este chocolatero y repostero de extraordinario talento.

 

Le encantará

Una magdalena de porcelana

El servicio de té del Salon Proust, de porcelana blanca de Limoges, ha sido creado a su medida por la Maison Haviland, para disfrutar de un té a la francesa lleno de dulzura y recuerdos.

La magdalena es el emblema. En tazas y platos, estilizada y gráfica, la magdalena es la madeja de oro de un tiempo recuperado que despliega sus volutas. Asomando tras la tapa de un azucarero o de una tetera, su pequeña protuberancia dorada se vuelve etérea.

Érase una vez

En busca del tiempo perdido

Proust, que estuvo presente en la inauguración del Ritz París, encontró en el hotel una fuente inimitable de inspiración e inmediatamente lo convirtió en su segundo hogar.

Gracias a su papel de anfitrión en reuniones íntimas, pudo recopilar los secretos de la élite literaria y aristocrática para luego plasmarlos en sus escritos.